
RESUMEN DE LA PRIMERA PARTE
De los factores externos, la causa remota está en la crisis de los misiles en Cuba, que sucede al Eastern Establishment de Norteamérica, que convoca a 22 académicos en Darmouth en 1963, para buscar una estrategia o mecanismo que evite la guerra nuclear. Ahí se impone la tesis de Zbigniew Brzezinski, sobre la “convergencia” de los dos sistemas, el capitalista y el socialista.
La causa próxima es la creación de la “Comisión Trilateral”, en Tokio en 1973 con el objeto de que un club reducido de 330 socios, logre para el año 2001, el control del mercado mundial, con alrededor de 300 multinacionales.
De los factores internos, la causa remota es la integración de la familia revolucionaria, creando el foro adecuado para resolver sus diferencias en forma pacífica -el partido revolucionario-, resultado ecléctico de los consejos de Dwight W. Morrow y de Manabendra Nath Roy.
La causa próxima es la desintegración de los elementos del consenso de la familia, siendo el conflicto de 1968 la señal de la fisura y, las elecciones de 1988, la evidencia de la fractura.
La ocasión se da con la tesis de la modernización económica de Carlos Salinas, la cual requiere de una constante inversión de dinero extranjero, pero que al constar en el XX Foro Económico Mundial la escasez de dinero en el mundo, obliga a buscar otro recurso, por lo que se opta por el Acuerdo de Libre Comercio, que luego cambió de nombre a Tratado.
LOS MOTIVOS DE DAVOS
El primero de febrero de 1990, durante la reunión del Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, Carlos Salinas de Gortari dirige el mensaje magistral en la XX sesión anual.
Allí, en su discurso dice “... buscamos en las negociaciones bilaterales y multilaterales como el GATT, reconocimiento a lo que ya hemos hecho. [Alusión a la apertura comercial unilateral puesta en práctica por Miguel de la Madrid]. Para que México pueda negociar el acceso de sus productos a los mercados internacionales es crucial consolidar el régimen de comercio abierto”.
El día 04 de febrero del mismo año, se firmó el acuerdo sobre la reducción y reestructuración de la deuda mexicana, en conformidad con el Plan Brady.
Por esos días, fueron enviados a Washington los doctores Serra Puche y Córdoba Montoya, para dar la señal del interés del gobierno de México por un acuerdo de libre comercio.
El día 05 de abril, el presidente Salinas llamó al Senado a realizar un debate sobre las condiciones de lo que se consideraron: “las nuevas relaciones comerciales en el mundo”, y señaló que, “la acción de México, se soporta en cuatro columnas: Estados Unidos y Canadá, la Europa de los 12 (CEE), la Cuenca del Pacífico y América Latina”.
El día 11 de junio de 1990, en Houston, Texas, en la reunión de los mandatarios Salinas y Bush, anunciaron su intención de negociar un Tratado de Libre Comercio.
El 27 de junio, Bush presenta solemnemente “La iniciativa de las Américas”, en donde se propone la integración comercial de todo el continente.
En los Estados Unidos fue necesaria una aprobación de la Cámara de Representantes y del Senado, llamada “vía rápida”, en la que se jugaron muchos papeles importantes, incluido el de la Srita. Guadalupe Jones, quien llegó a ser la “Srita. Universo”.
Se decidió incorporar a Canadá en las negociaciones a causa de que, Canadá y Estados Unidos, ya tenían firmado un Tratado anteriormente.
Los trabajos se iniciaron, y pronto saltaron una cantidad enorme de problemas, no imaginados, pero tampoco insolubles, debido a lo que se llamó la asimetría de las tres economías.
Un hecho de enorme relieve, fue el ocurrido el 25 de junio de 1991, en Valparaíso, Chile, durante la reunión de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina, presidida entonces por Luis Donaldo Colosio, también presidente del PRI en esas fechas, cuando emitieron la “Carta de Valparaíso”, en pleno apoyo a la integración comercial del continente.
En el documento discutido por los integrantes de la COPPPAL, se dice que “el éxito de la Iniciativa de las Américas, del presidente de Estados Unidos, George Bush, dependerá de las acciones que adopten México, Venezuela y Brasil”.
Verdaderamente, es sorprendente el giro que se ha producido en la COPPPAL desde su nacimiento en la ciudad de Oaxaca el 12 de octubre de 1979, bajo la presidencia de Gustavo Carvajal Moreno, entonces presidente del PRI, en plena era lópezportillista, en un clima proclive a la tesis de la internacional socialista y en contra de los norteamericanos. Ahora se da un apoyo pleno a la tesis de un presidente norteamericano, que dista mucho de las posturas del entonces presidente norteamericano Carter.
LA POLITIZACION DEL TRATADO EN EEUU.
Llegado el último trimestre de 1991, se manifestó una recesión en la economía norteamericana y el índice del desempleo creció. Esto produjo la imagen de una crisis económica. A ello se sumó la crisis social, expresada en los conflictos raciales de California, que adquirieron el nivel de una guerra civil, con la intervención del ejército federal norteamericano.
Al iniciarse en 1992 el proceso de las elecciones primarias de Estados Unidos, apareció la crisis política. Había un candidato sin partido que atraía muchas simpatías.
Se habló en esas fechas, de la triple crisis: económica, social y política. Y lo que no era deseable ocurrió; el TLC se volvió tema de la discusión electoral norteamericana.
Poco funcionó a la larga el fulminante éxito de la guerra del Golfo Pérsico, y el prestigio de Bush con su discurso del triunfo de la guerra, que ponía en evidencia la pretendida vanguardia norteamericana en un mundo unipolar.
Mientras la contienda electoral era interna en los partidos, los sondeos daban a Bush el triunfo.
Cuando terminaron las conversaciones de los partidos y quedaron Clinton y Bush como candidatos, e iniciaron sus campañas, el TLC se volvió tema político electoral. Clinton accedió a las peticiones de ecologistas, empezando por Al Gore su compañero de fórmula, y a las de los sindicatos AFL–CIO, enemigos del tratado. Así quedaron las posiciones: Bush en plena posición a favor; Clinton con sus peros y Perrot, el “independiente”, en contra.
Con el resultado no previsto por la embajada mexicana en Washington, triunfó en las elecciones Clinton.
Y después de algunas evasivas, finalmente aceptó que el TLC estaba inicializado, pero que habrían “acuerdos paralelos”.
EL EFECTO DE AQUELLO EN MEXICO
En México, los enemigos de la modernización salinista, se volvieron enemigos del TLC. Tanto los llamados “dinosaurios”, como los “antiguos socialistas”, iniciaron una armonizada campaña en contra.
Poco importó el esfuerzo realizado entre México y Chile, quienes firmaron el 22 de septiembre de 1991, un “Acuerdo de Complementación Económica”, en el espíritu de la “Iniciativa de las Américas”. Además conviene tomar en cuenta el profundo significado de la ruptura chilena con el modelo del “Mercosur”, que originalmente, Collor de Mello pensó, como un competidor del proyecto de Bush, y que según algunos analistas fue la causa de la caída del Presidente brasileño.
No resulta ocioso recordar a Kissinger y a Dornbush en noviembre de 1992, hablando en Montevideo y Buenos Aires, de la conveniencia de adherirse al TLC y dejar el “Mercosur”, a pocos días de la caída de Collor de Mello.
Luego surgió una llamada “Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio”, conectada con grupos similares de Canadá y Estados Unidos.
El presidente Salinas salió al paso de esa campaña el 04 de marzo de 1992, en el aniversario del PRI, con la tesis de la “Refundación del Partido”, con la “reforma de la revolución”, y su nueva ideología, el “liberalismo social”, con lo que tomaba una equidistancia del “neo-liberalismo- posesivo” y el “estatismo absorbente” de los “nuevos reaccionarios”.
Si obtuvo lo que buscaba o no, lo veremos en 1994. Por lo pronto, consta el esfuerzo por darle cohesión ideológica a una “familia revolucionaria” fracturada entre “dinosaurios y modernizadores”.
Mientras, en México, el debate se volvió muy intenso con una enorme cantidad de artículos de prensa y revistas, así como la edición de once libros.
Quien “madrugó” en esta materia, como ya es costumbre, fue el Dr. Luis Pazos, en septiembre de 1990 con su libro “Libre Comercio: México-E.U.A. Mitos y Hechos”. Luego vinieron los otros nueve: “El acuerdo de libre comercio México-Estados Unidos. Camino para fortalecer la soberanía”, del Dr. Luis Rubio y su equipo del CIDAC en octubre de 1991. “El Tratado de Libre Comercio, Beneficios y Desventajas” de Emilio Caballero V., en noviembre de 1991. “El TLC se come sin chile” de Rodolfo Medina, en diciembre de 1991. “Cómo ganar con el TLC”, de Jorge Mejía Prieto, en enero de 1992, a base de caricaturas. “Panorama Jurídico del Tratado de Libre Comercio”, Universidad Iberoamericana, enero de 1992. “El TLC: un callejón sin salida”, de José Angel Conchello, en julio de 1992. “México, y el tratado trilateral del libre comercio. Impacto sectorial”, de Eduardo Andere y Georgina Kessel, en agosto de 1992. “Ajuste estructural, mercados laborales y TLC”, compilación de la Fundación Ebert y el Colegio de México, octubre de 1992. “TLC, hacia un país distinto”, de Eduardo Huchim, en diciembre de 1992, y el “El tratado de libre comercio, a la luz de la opción cultural propuesta por la doctrina social de la Iglesia” del Dr. Alberto Athié Gallo, en abril de 1993.
A partir de marzo de 1993, se iniciaron las pláticas para concluir unos “acuerdos paralelos”, que parecen ser la condición que Clinton pone, para imprimirle el sello “demócrata” al TLC “republicano”.
En la LXII Asamblea de Coparmex el 11 de marzo, el presidente Salinas fijó al secretario de comercio, Dr. Serra Puche, las normas para esas negociaciones; fueron tres:
- Acuerdos compatibles con el ya concluido TLC.
- No utilizar los acuerdos como mecanismos proteccionistas, es decir, que hagan sentido económico.
- Que sean totalmente respetuosos de la soberanía de cada nación.
EL DEBATE EN EE.UU.
Desde octubre de 1992, Paul Volcker y David Rockefeller, miembros de la Comisión Trilateral, fueron identificados, por “su familiaridad con México”, por Charles B. Heck, director norteamericano de la citada Comisión Trilateral, como los personajes que jugaron un papel decisivo en la integración de un grupo mexicano, “balanceado” de empresarios prominentes “con uno o dos críticos del gobierno”.
La Comisión Trilateral, creada en 1973 como un club privado muy exclusivo, cuenta con 330 miembros, personas físicas: 85 estadounidenses, 15 canadienses, 85 japoneses y 145 europeos.
Jimmy Carter, George Bush y Bill Clinton han sido miembros de dicha entidad. Lo mismo que Carla Hills.
Siendo un club tan selecto, bien vale la pena señalar que es muy plural; a él pertenecen Michel Albert, Raymond Barre, y Simona Veil de Francia, y sirva esto sólo como un botón de muestra.
A fines de marzo de 1993, sesionó en Washington la Comisión Trilateral, y el periódico El Nacional nos da la siguiente noticia el día 30 del mismo mes:
“Sin ser miembros de la organización, los mexicanos Claudio X. González, presidente y director general de Kimberly Clark México, y Luis Rubio, director del Centro de Investigación para el Desarrollo, participaron en los trabajos”.
El día 02 de abril, David Rockefeller, fundador y presidente honorario vitalicio de la Comisión Trilateral, declaró en Washington: “Podría incidir negativamente en la sucesión mexicana el rechazo de la ratificación del TLC. Sería un golpe a la posición política del Presidente Salinas y muy probablemente, también, afectaría a su sucesor en las elecciones de 1994. El TLC representa la piedra angular, de una zona de libre comercio hemisférica”.
El día 21 de abril, Zbigniew Brzezinski, ideólogo de la Comisión Trilateral, declaró en Washington que el TLC, “constituye una especie de matrimonio económico-estratégico, que atará la política exterior de México a los intereses estadounidenses en un pacto de seguridad regional”.
Sin embargo, dijo que “aunque ha modificado su anterior lúgubre pronóstico, aún considera que el mayor riesgo que México confronta es la ausencia de una democracia genuina. Sólo un México verdaderamente pluralista y multipartidista será bienvenido”.
Finalmente quedan dos referencias: El director del presupuesto de Estados Unidos León Panetta, hizo el gran favor a la causa del TLC, al declarar el martes 27 de abril, erradamente o no, que se encontraba muerto. Con lo que provocó una cauda de declaraciones a favor, tanto de miembros del Ejecutivo y Legislativo demócratas norteamericanos, como de legisladores republicanos.
Y la del “chief of staff”, del gobierno mexicano, José Córdoba Montoya, quien en un discurso de más de una hora en el Consejo de las Américas, en Washington el pasado 03 de mayo dijo:
“México no tiene planes de contingencia ante un posible fracaso del Tratado, hay plena confianza en su ratificación”.
CONCLUSION
Con todo esto, ya queda más que evidente que el proyecto del TLC trasciende los sexenios mexicanos y los cuatrienios norteamericanos.
Es un hecho tan importante, que forzosamente tiene, enemigos y muy fuertes, que están en la gran campaña de última hora.
Sin embargo, son más fuertes los que idearon la globalización, por el camino de las graduales regionalizaciones.
No será el día 01 de enero de 1994 cuando entre en vigor el TLC, ni el 02, ya que son sábado y domingo, será el lunes 03 de enero.
06MAY93.
Por Federico Müggenburg y R.V.
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