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Angulos Sociopolíticos


“EXPLICACION NO PEDIDA....SOBRE EL NACIONALISMO REVOLUCIONARIO”

En el mes de junio de 1921, se celebraba en Moscú el Segundo Congreso de la Internacional Comunista o Tercera Internacional.  Una parte importante de la agenda estaba referida al tema relativo al proceso de la revolución en las naciones cuya característica, según la terminología marxista-leninista, eran naciones semi-feudales o semi-capitalistas; esto es decir, en términos más actuales, naciones en vías del desarrollo industrial moderno.  Muchas de ellas, sobre todo en Asia y Africa, eran aún colonias de potencias políticas e industriales.  Otras tenían relativamente pocos años de haber nacido a la vida independiente y vivían prácticamente de la exportación de materias primas.

El punto central del debate sobre cómo incorporar esas naciones, en esas condiciones, al proceso de la revolución comunista, lo acaparaban Vladimir Ilich Ulianov, conocido como Lenin, y Manabendra Nath Roy.

Este último, era un personaje de origen hindú, aristocrático, que había vivido varios años en México. Durante su estancia cultivó las relaciones con la neoaristocracia obregonista, e incluso con el mismo Alvaro Obregón tuvo una estrecha vinculación.

Manabendra Nath Roy organizó grupos de activistas revolucionarios radicales en México. Inclusive, hay varios autores que lo ubican como uno de los fundadores del partido comunista de México, así como también fundador del partido comunista de España.

En ese verano del año 21 en Moscú, Lenin y Manabendra discutían la forma y la estrategia para incorporar a los países -cuyos partidos comunistas representaba Manabendra y que correspondían a los llamados en vías de desarrollo-, al proceso de la revolución comunista.

Lenin insistía en que se aplicara su estrategia, que había sido exitosa en Rusia, y que consistía en una doble vía, tipo pinza: guerra revolucionaria y golpe de Estado, es decir, acicatear la lucha de clases entre burgueses y proletarios y tomar el poder por la fuerza.

Nath Roy, por su parte, insistía en la enorme dificultad de aplicar esa estrategia, en lo que el llamaba “países atrasados”, ya que ni siquiera existía la conciencia de clase proletaria o burguesa; menos era posible acicatear o acelerar la lucha de clases.

Argumentaba que era necesario crear unas “condiciones previas” para lograr el estado de conciencia, y de esa forma crear el estado de lucha.

Lenin se resistió a los argumentos de Nath Roy, hasta que finalmente se quedó sin forma de rebatir los múltiples ejemplos y razonamientos.

El día 26 de julio de 1921, según consta en el acta de debates, se llegó al acuerdo de diseñar “una política atrasada, para los países atrasados”, misma que fue bautizada por Lenin y Roy como la fase estratégica del “nacionalismo revolucionario”.

Como acuerdo del Segundo Congreso se aprobó y, cuando empezaba el “estudio teórico” del diseño de la “estrategia atrasada para los países atrasados”, murió Lenin y, con él, muchas iniciativas, ya que con la llegada de Stalin al poder se congelaron todos los estudios teóricos, además de que las condiciones generales de Europa cambiaron radicalmente con el surgimiento del nazismo y el fascismo.

Fue prevaleciendo la tesis del “frente popular” y, luego, la alianza de la Segunda Guerra Mundial que puso del mismo lado a Rusia, Inglaterra, Francia y Estados Unidos.

Muchos años después, cuando Nikita Krushev asumió el poder en lo que ya era la URSS, se desempolvaron los papeles de los viejos estudios teóricos y se relanzó a los académicos soviéticos a redactar las tesis teóricas de la “coexistencia pacífica”, de la “vía capitalista de desarrollo” y del “nacionalismo revolucionario”.

Suslov, Soboliov, Rumiantsev, Keuneman, Mirshi y Lange, trabajaron arduamente en estos proyectos.

El economista marxista polaco, Oskar Lange, redactó finalmente, los argumentos del “nacionalismo revolucionario”, que implicaban cinco fases:

1)    Condiciones Previas
2)    Condiciones externas
3)    Condiciones internas
4)    Tareas políticas
5)    Tareas económicas

Este modelo, muy bien estructurado, fue ofrecido a Nasser para Egipto, a Nehru para la India y a Sukarno para Indonesia.

La obra de Lange fue traducida a varios idiomas, y un ejemplar en francés llegó a manos de Vicente Lombardo Toledano.

Esas tesis fueron asumidas por el PPS a causa del impacto tan favorable que produjeron en Lombardo y su secretario particular Enrique Ramírez y Ramírez (quien ya había regresado al PRI), y desde el “Instituto de Capacitación Política” del propio PRI y, luego, desde la “Comisión Nacional Ideológica” del mismo partido; así, presentó y difundió las tesis del “nacionalismo revolucionario” como si fueran originarias de la Revolución Mexicana.

Muchos las asumieron como tales y, sobre todo, el cuerpo de asesores económicos de la CTM, que realizó cuatro congresos nacionales con el objeto de hacer pasar dichas tesis del “nacionalismo revolucionario” como las tesis de la “reforma económica” que el país necesitaba para salir de la crisis en la que no habían hundido los argumentos del sexenio de Luis Echeverría y del mismo José López Portillo.

Se llegaron a decir barbaridades tan graves como: “en México, el nacionalismo no tiene su origen en el sustantivo nacional, sino en el verbo nacionalizar”.

El transbordo ideológico se había logrado en plenitud, sin que fuera percibido, al extremo de que el candidato a la presidencia, Miguel de la Madrid, lo asumió como la primera de sus siete tesis básicas, que luego se convirtieron en las siete tesis de gobierno.

De ahí, del núcleo del “nacionalismo revolucionario”, expresado a través de la tesis de reforma económica de la CTM, salieron los argumentos centrales para “inventar” el llamado “capítulo económico de la Constitución”, de donde salieron argumentos o postulados tales como: “La rectoría del Estado”, “el sector social de la economía”, o “el sistema de planificación económica”, entre otros.

Por ello, a quienes conocemos esta historia, o sea, el origen del concepto y luego vimos cómo en su itinerario práctico pasó del Partido Popular Socialista a la Confederación de Trabajadores de México, luego al Partido Revolucionario Institucional, y de ahí a plasmarse en lo que se ha llamado el “capítulo económico de la Constitución” implantado por Miguel de la Madrid al iniciar su sexenio, nos resulta, profundamente revelador, lo declarado por el nuevo presidente del PRI, Genaro Borrego, a la revista Siempre, en su número del 28 de mayo de 1992:

“Nuestro partido ha transitado del nacionalismo revolucionario a ultranza, asociado con un Estado propietario, con un Estado expropiador, con un Estado grande que todo lo sabe, que todo lo tiene y que todo lo hace, a un liberalismo social, que es hilo conductor del PRI”.

03JUL92

Por Federico Müggenburg y R.V.

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