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¿REAJUSTE POLITICO NACIONAL, DE CARA AL TLC?

Ciertos hechos parecerían indicar que la real posibilidad de que el TLC se postergue en su firma, más  allá del año 92, a causa de los tiempos políticos de Estados Unidos de Norteamérica, han provocado que se perciban algunos ajustes en el quehacer nacional, fundamentalmente en el ámbito político.

No deja de llamar la atención, también, que el momento de integración económica de México con Estados Unidos y Canadá, pudiera ser en un momento en el que la economía Norteamericana da signos de padecer alguna enfermedad, misma que se identifica como recesión.  Las más recientes quiebras de la compañía Pan American Airways, de una gigantesca cadena de tiendas y ahora de otra compañía aérea TWA, así como los despidos masivos de trabajadores de la industria automotriz, son todos ellos signos claros de que algo profundo aqueja la vida económica americana en un momento de gran sensibilidad política, porque están por iniciar las elecciones internas en los partidos demócrata y republicano con vistas a la elección presidencial.

Por lo que respecta a México, se han iniciado acomodos políticos a nivel de gabinete a partir de enero, y se espera que vengan otros después del aniversario del PRI, los primeros días de marzo.  Se conocen noticias indicativas de la desaparición, por fusiones, de varias secretarías, con lo que surgirán nuevas secretarías y nuevos secretarios que redefinirían también la carrera presidencial para la sucesión de 1994.

Tendrán que armonizarse varios elementos económicos con otros políticos:
La firma del tratado, con los cambios monetarios en la reducción de los ceros en los billetes, el control del gasto por la misma mano firme que ha incrementado los ingresos, de ahí la fusión de la Secretaría de Programación con la de Hacienda; la aparición de un nuevo partido con nueva imagen, más inspirado en la solidaridad que en la histórica revolución mexicana; los movimientos, no suficientemente explicados, para acomodar las fechas electorales de 1992 a dos períodos fijos en agosto y noviembre; la modalidad de los destapes de los candidatos de “unidad” a las gubernaturas, a contrapelo de los estatutos del PRI que se encuentran en vigor, y el novedoso cambio en el trato con la oposición perredista, son apenas signos de algo que ocurre.

Por su puesto, este último elemento merece un análisis más detallado. Desde el inicio del sexenio fue claro cómo había un trato diferente a la oposición panista y a la oposición perredista.

Al PRD se le provocaron, con gran eficacia, deserciones, desgarramientos y divisiones internas que le hicieron perder porcentajes de votos y posiciones políticas en diputaciones locales y federales, así como retrocesos en presidencias municipales, y, en su imagen de conjunto, se marcaba un contraste muy claro en el manejo del gobierno con el PAN y el PRD.

De pronto, vino el sorpresivo reconocimiento de la candidatura en Guanajuato para Muñoz Ledo. Luego, más tarde, su prematuro destape como candidato a la presidencia por el PRD para 1994, sofocado por la todavía gran importancia de Cuauhtémoc Cárdenas, quien dijo que no era tiempo.

Mas, de pronto, los signos más claros de un acuerdo vienen en el tratamiento final al “éxodo por la democracia” y con la renuncia de tres presidentes municipales del PRI en Tabasco, la caída del gobernador Neme Castillo, y la extemporánea e intrigante designación de fiscales especiales para averiguar las causas de las muertes de dos muy destacados perredistas en Michoacán, asesinados unos días antes de las elecciones presidenciales de 1988.

Cabría todavía preguntarse si estos hechos marcan el inicio de un nuevo tipo de relación entre el gobierno y el PRD, por razones ajenas a la política internacional marcada por el TLC.

Queda una gran duda sobre el manejo que se dará a la creciente inconformidad con la “miscelánea fiscal”, que está desembocando en la integración de un “frente unido de contribuyentes”, cada vez más molestos e irritados.

En su conjunto, todo parece estar siendo ajustado para enfrentar el posible retraso de la firma del TLC o para entrar en él, cuando la economía americana no se encuentra en su mejor momento.

Ya han empezado a surgir estudios y análisis en torno a las repercusiones que, sobre la modernización salinista, traerían en el caso de la postergación o la entrada con la economía y la política norteamericana en fase crítica.

El proyecto salinista tiene como pieza clave, en lo económico, el TLC, y de no darse en este momento, se afectaría drásticamente el tiempo político de la sucesión mexicana; de variarse de fondo, también, la modernización económica.

Quizá, a todo esto se deban los ajustes políticos que estamos viendo y veremos con más intensidad en los próximos meses.

Por lo pronto, es muy conveniente prestar atención a la fase final de negociación de los temas acordados en el texto del TLC, sobre todo en lo energético y lo agropecuario, a los discursos del aniversario del PRI, al atraso a las inconformidades con la miscelánea fiscal, a los cambios en el PRI y el gabinete, a la redacción y aprobación de la ley reglamentaria del 27 y el 130 y, finalmente, al respeto de los procesos electorales de las gubernaturas en este año 92.

01FEB92

Por Federico Müggenburg y R.V.

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